Sinopsis:

Página multimedia virtual sobre la vida, obra y acontecimientos del universal poeta Miguel Hernández -que murió por servir una idea- con motivo del I Centenario de su nacimiento (1910-2010). Administrada por Ramón Fernández Palmeral. ALICANTE (España). Esta página no es responsable de los comentarios de sus colaboradores. Contacto: ramon.palmeral@gmail.com

sábado, 30 de octubre de 2010

Gaspar Peral Baeza atesora la mayor colección privada sobre el poeta


Faro de presencias hernandianas
Desde el año 1950 ha recopilado miles de documentos del insigne oriolano cuyo centenario se cumple hoy, 30 de octubre
30.10.10 -
JOAQUÍN SANTO MATAS | LA VERDAD, ALICANTE. "Cultura y sociedad" pág.33

Cuando tanto se lleva escrito e indagado sobre Miguel Hernández, a menudo han convertido algunos autores sus obras en particulares romanceros y cancioneros de ausencias, relegando a un segundo plano de gratitudes al pródigo en resolver dudas o aportar su legado hernandiano inmenso, mutado a veces en látigo incomprendido cuando osa con afecto, desde el dato constatado y el documento irrefutable, rebatir a quien yerra, no públicamente sino en privado, lo que casi nunca admite el orgullo de buen grado.
También es cierto que hay otros escritores agradecidos, en recíproca actitud para con el que cede generoso todo el saber archivado en su densa biblioteca o en la memoria prodigiosa que posee, nítidos a la hora de manifestar en qué fuentes han bebido con mayor avidez.
Ese faro de quien anhela leer, saber, narrar y escuchar de Miguel es Gaspar Peral, genio vivo de la cultura alicantina, compilador del mayor fondo privado sobre el poeta que conocemos aquí y allá, una atalaya del hernandismo alicantino como lo define Aitor Larrabide que dio a conocer tan inmensa bibliografía en el número 220 de la revista ‘Anthropos’ dedicado al oriolano bajo el título de ‘Una nueva visión de su creación poética y la pluralidad de sus contextos’.
Fue ‘La Verdad’ proa intuitiva en publicar cuando corría el año 1933 aquel novicio ‘Perito en lunas’ inmerso en su colección ‘Sudeste’, salido del lápiz campestre de quien soñaba batallas de amor y campos de pluma que acabaron convertidos en ecos de sangre y cartas moribundas.
Peral conserva ediciones facsímiles de aquel libro como de los que fueron viendo la luz, en creciente combate y compromiso, hasta 1939 en que ya fuera de España le publica Manuel Altolaguirre en La Habana ‘Sino sangriento y otros poemas’.
Licenciado en Derecho no ejerciente, autor teatral y además experto en lo que la no reiteración me hace llamar ‘arte de Talía’, donde hace mucho tiempo publicó estudios sobre Carlos Arniches, comenzó hace justamente sesenta años a forjar su pasión por Miguel Hernández.
Escudriñando por una librería de Valencia comprará en 1950 un ejemplar de ‘El rayo que no cesa’, editado un año atrás por Espasa-Calpe en Buenos Aires, dentro de la Colección Austral. Desde entonces ha recopilado miles de documentos, desde libros hasta discos, pasando por revistas, opúsculos, recortes de prensa, carteles e imágenes gráficas que de un modo u otro tienen que ver con el poeta nacido junto al «Segura de oro caricioso que tu vega de amor cuida y consuela», parafraseándolo.
Con motivo del centenario, le falta tiempo y fuerza para poder catalogar con la precisión que requiere y de la que ha hecho siempre gala, lo que le va arribando aunque lo curioso es indagar en lo antiguo y más aún, por insólito, en lo que surgió durante la pasada dictadura.
En 1943, un año después de morir en el Reformatorio de Adultos de Alicante, le publicaba el poeta y crítico de arte Enrique Azcoaga el último de los sonetos de su libro ‘El canto cotidiano’ y que tituló ‘En la muerte de Miguel’, el primero tras la guerra civil, que pasó desapercibido por cualquier censura, con dos citas a Dios y este comienzo: «La tierra al recibirte habrá sentido/todo el calor del trigo más granado;/todo el amor de un hombre inacabado;/la gloria de un poeta conseguido».
Azcoaga había logrado con tan sólo veintiún años el Premio Nacional de Literatura por su primer libro ‘Línea y acento’ en 1933, a la par que Miguel sacaba a la luz su también obra primogénita. Ambos serían compañeros en las Misiones Pedagógicas, aquella ejemplar institución de la II República que llevó cultura general, orientación docente y educación urbana a los pueblos y aldeas más recónditos, sumidos en un hondo y vergonzante analfabetismo.
Cuando una presente y sesgada sombra del olvido decide recaer sobre la presencia viva del poeta en los pasados años de su oficial olvido, resulta interesante recalar en toda la bibliografía hernandiana surgida bajo el franquismo y que comienza en aquella selección de poesía y teatro que publicara Aguilar en 1952.
Ocho años más tarde hallamos números monográficos dedicados a su figura en tres revistas, la malagueña ‘Caracola’ y las madrileñas ‘Ínsula’ y ‘Cuadernos de Ágora’ aunque ya lo había recordado con anterioridad Alicante en el número 30 de ‘Verbo’ que se publicó en abril de 1956.
Y precisamente nos recuerda Gaspar Peral, que fue un activo concejal de Cultura entre 1961 y 1967, insuflador de aire fresco literario y pictórico sobre la escena alicantina, siendo por cierto sustituido en el cargo por José Vicente Beviá, cómo el 21 de junio de 1966 pronunció el pregón oficial de las Hogueras desde el balcón del Ayuntamiento y citó por dos veces a Miguel, al nombrar la palmera y la hoguera que el poeta llamó «alineación de bronce y geometría» y «Pentecostés de lenguas» respectivamente.
Como curiosidad de bibliófilo posee una relación de obras escritas en idiomas como el inglés, francés, italiano, checo u holandés amén de otras en lenguas muy restringidas como el nahuatl mexicano o las indígenas habladas en Filipinas, ya sean traducciones de sus poesías ya ensayos sobre su figura.
Fondo discográfico
Amplio y universal resulta también su fondo discográfico que comienza en 1966 con la grabación de unas poesías que editara igualmente Aguilar y termina este mismo año con Esmeralda Grao, Joan Manuel Serrat, Fraskito e Inés Fonseca, pasando por voces míticas como las de Paco Ibáñez o Alberto Cortez que pusiera música a las ‘Nanas de la cebolla’ en su apartamento de la playa de San Juan; o aquellos ‘Cien años de poesía. Poetas contemporáneos en sus versos’ donde se escucha al mismo Miguel Hernández recitando su ‘Canción del esposo soldado’: «Para el hijo será la paz que estoy forjando./Y al fin en un océano de irremediables huesos/tu corazón y el mío naufragarán, quedando/una mujer y un hombre gastados por los besos».
Próximamente está previsto se inaugure en la Lonja del Pescado una exposición organizada por el Patronato de Cultura de Alicante que muestre una parte significativa del aquí esbozado ‘Fondo Hernandiano de Gaspar Peral 1933-2010’ y que dejará justa constancia de la pasión de un hombre culto por el poeta y cuyo legado se rifan tantos estamentos
Miguel es dolor – «Ya es mi carne mi ruina y mi tormento»- y es pasión – «He poblado tu vientre de amor y sementera»-. Pero por encima de todo, es eso, el poeta de todos.